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Crítica de ‘Meridiana’ de Enric Montefusco

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EMOCIÓN

Todavía seguimos de luto por la separación de Standstill, una banda que conseguía un respeto enorme de la audiencia en directo. El silencio que se lograba mientras Ricky Falkner, Piti Elvira, Ricky Lavado, Víctor Valiente y el propio Montefusco actuaban, era más propio de otro tipo de música y no del rock.

Pero el futuro hay que mirarlo con esperanza y Enric se inventó un plan para crecer, que no escapar, hacia delante. Meridiana es un disco inspirado en su barrio, su infancia, la gente a la que conoció, todo envuelto en conciencia de clase trabajadora. Pero además, siempre inquieto, también está inmerso en un proyecto teatral, Tata Mala, una experiencia colectiva con más de 30 artistas en escena, que estamos deseando ver en Madrid (sería buena noticia que un proyecto así pudiera salir de gira).

En Meridiana se reconoce el alma de Standstill, la parte que le corresponde a Montefusco, la del compositor de esas canciones tan emocionantes y esa voz que pone los pelos de punta. Los cambios más significativos son en la forma de transformar sus composiciones. Al llegar al estudio no estaban sus amigos de tantos años, si no unos nuevos músicos (con algunos de ellos ya habían colaborado anteriormente) que las han dotado de una nueva personalidad.

Meridiana es una de las canciones marca de la casa donde Montefusco se desnuda y nos hace partícipes de un trozo de vida. Aunque no sea autobiográfica, si son sus sentimientos más íntimos los que nos emocionan y nos hacen empatizar con la grandeza de la cotidianidad.

En Todo para Todos nos desea lo mejor, sin obviedades y sí con gran originalidad y talento en su letra, con enormes frases que dicen más que discos enteros de los que suenan en todos lados. Con un acordeón que está en varias canciones remarcando el carácter popular del disco:

“Una colleja a tiempo,

el hambre de vida que se fue con la escuela

una casa en el campo que gire con el sol

Haber tocado fondo alguna vez y que tu leyenda diga que alzaste el vuelo”

En Flauta Man un personaje repite frases/ideas (similar a Todo para Todos) para dar las gracias por varias cosas. Mezclándose las auténticas, las que hay que dar siempre y de corazón, junto con las que muchas veces nos vemos obligados a dar, hasta que termina volviéndose loco, y su voz se transforma con un molesto y resultón efecto de voz.

Obra maestra tiene un toque a Elefante de Standstill con ese trombón marcando el paso, hasta que Enric grita el estribillo – poca gente grita como él – y se desencadena la fiesta con palmas y coros (más de fiesta popular que de conservatorio).

Vida Plena son apenas 2 minutos en los que va al grano, con reflexiones más profundas de las que acostumbra el pop, sobre el significado de la vida y de las relaciones humanas. Y además quién no va a cantar…

“Me cago en tu puta madre 

Ay perdón”

El resumen perfecto de Meridiana, y de todo lo que tenga que ver con Montefusco, sigue siendo una sola palabra: EMOCIÓN.

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