Crónicas de Conciertos y Festivales·Música

Crónica del concierto de Enric Montefusco en Joy Eslava. Madrid, 30 septiembre 2017

Un año después de la publicación de Meridiana, su primer disco en solitario y primer puesto en varias listas – y también en la nuestra – de “Lo mejor de 2016”, son varias las veces que hemos visto a Enric Montefusco en directo en Madrid (aunque todas nos parecen pocas). Tocaba acudir el pasado sábado 30 de septiembre a la Joy Eslava, ahí donde alguna vez él y el resto de Standstill nos hicieron tan felices.

Se presentó con la misma fantástica y versátil banda que en febrero ya vimos en el Teatro Lara, o poco después en el Festival Tomavistas, y enseguida tuvo la necesidad de comentar la jugada del día. Era inevitable que no se comentara lo que está pasando esta semana en España y Enric señaló que había visto banderas colgadas en balcones y que los que allí nos habíamos congregado lo hacíamos sabiendo que los que dirigen “todo esto” no se preocupan por las cosas verdaderamente importantes, LA GENTE.

Para empezar optó por una despedida, la invocación de Adiós para reunirnos todos entorno a una celebración, la de la música como elemento unificador. Adelante Bonaparte en el primer recuerdo a su banda anterior sonó antes de Meridiana, ese elogio de las clases populares que todos cantamos a voz en grito y de Todo para todos y Flauta man, tres de las mejores canciones de su puesta de largo en solitario.

Después tocaron Uno de nosotros, que desde que la oí por primera vez me recordó, por chocante que resulte, a los Swans de Michael Gira y tal vez a los primeros Standstill que aún cantaban en inglés. Entonces Enric confesó abriéndose al público, como también hace siempre en sus canciones, que en 2006 pasó una crisis en la que pensó si verdaderamente importaba a alguien lo que decía y entonces escribió ¿Por qué me llamas a estas horas?. No recuerdo ninguna canción que haya escuchado tantas veces y me siga poniendo los pelos de punta. Una nueva versión de Adiós, está vez más acorde a la del disco, sirvió de primera despedida de las tablas.

A la vuelta contó Montefusco que la banda había tenido un debate interno sobre si debían tocar El Riu De L´oblit y la respuesta de los que allí estábamos no pudo ser más entusiasta. Para rematar la jugada como último apunte de actualidad tocaron la versión de Albert Pla, Todo es mentira. Y como todos esperábamos y al ritmo de la tuba tomaron posiciones encima de unos taburetes en medio de la Joy para tocar desenchufados Obra maestra y Todo para todos y dejarnos con ganas de más. Con sólo un disco publicado y a pesar de una versión y algún rescate de épocas heroicas el concierto fue algo más corto de lo que todos hubiéramos deseado.

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