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Crónica FIB 2017 – Sábado 15 julio

Ver dos veces prácticamente en la misma semana a Dinosaur Jr. es un auténtico privilegio. Grandes éxitos como Just like heaven, Freak scene o Feel the pain para poder menear la melena como J. Mascis o Lou Barlow y sentir que hubo una época en la que los grupos de guitarras dominaban el mundo siempre es un placer. El sábado en el FIB sonaron mejor que en el Mad Cool, a pesar de tener que soportar que en el escenario Las Palmas el sonido era algo bajo cuando no era el cabeza de cartel. Ya era hora que el hip hop español pisara el festival, sobre todo cuando el foráneo hace tiempo que forma parte del cartel. Mala Rodríguez marcará seguro una tendencia después de ver como el escenario Visa estaba repleto de gente bailando (incluso más de un niño con buenas maneras y flow), con un show aderezado con un cuerpo de baile para animar al personal.

Para llegar de nuevo al escenario principal había que esquivar hordas de guiris que acudían corriendo (¡esos fibers que parecen muertos y de repente resucitan a lo Usain Bolt!) para rendir pleitesía a Liam Gallagher. Allí se plantó el que fuera cantante de Oasis abrigado de más, como siempre, con una especie de chubasquero (aunque esta vez concedió unos pantalones cortos) y como si nada empezó con Rock ‘N’ Star Morning Glory.  El repertorio que alternaba canciones de su reciente debut en solitario con clásicos de Oasis es puro Benicàssim. Tiene la voz más cascada que en sus mejores años, pero la chulería sigue intacta. Cuando encadenó varias de las nuevas – que todavía no se habían podido escuchar – el ritmo bajó un poco, pero claro, terminó con Wonderwall, uno de los mayores himnos de los tiempos que nos han tocado vivir. No hay muchos que puedan decir lo mismo. Lástima que llegáramos tarde a Surfin Bichos pero aun así disfrutamos de un concierto intenso – como siempre – aunque a nuestro entender mal programado (merecían mejor posición para que más público se hubiese podido acercar). Incluso se veía a Pete Doherty – que actuaba a continuación – muy atento entre bambalinas viendo a Alfaro, Pascual y compañía. En la recta final sonaron Mi hermano carnal y Fuerte y allí estábamos cantando como locos los españoles con pulsera del FIB. Las Bistecs era el momento loco del fin de semana. Pero… no sólo el momento loco sino uno de los MOMENTOS del festival. Empezaron diciendo “Ano, ano es culo en castellano“, que como declaración de principios no está mal. Divertidas, pero no sólo un chiste, hay más cosas detrás de este dúo de “electrodisgusting”. Totalmente recomendables, para bailar y pasarlo bien en cualquier momento. Sus comentarios y dedicatorias durante todo el show (por ejemplo a Rita Barberá por haberse ido para siempre) impagables. Grandes momentos, pero claro, como ellas mismas dijeron sobre el público que allí estábamos: “Qué mal gusto tenéis, joder“.

Lo sentimos por Peter Doherty (otro habitual del festival) pero la oportunidad de Red Hot Chili Peppers, ahora que además corren rumores de descanso en la banda, era algo único. Llenaron el recinto de fans que agotaron las entradas de día y batieron el record de mayor asistencia de la historia del FIB. Son de esas bandas grandérrimas y conscientes de ello y se nota en el escenario, la puesta en escena y la profesionalidad estudiada en su justa medida, sin resultar encorsetados o faltos de espontaneidad. Hits inmortales como Californication, By the way durante un concierto algo corto (sobre todo a los que fueron casi únicamente a ver a Kiedis, Flea y compañía), a pesar de que se permitieron algún bis, Fire (versión de J. Hendrix) y Give it away. Nudozurdo han publicado este año el espléndido Voyeur Amateur y había que pasarse por el escenario Fib Club a seguir sumando intensidad en uno de los días más rockeros que se recuerdan en el Festival Internacional de Benicàssim. Porque además, ojo, quedaba para rematar la jugada Biffy Clyro en el antiguo escenario Verde. Los escoceses triunfan allá por donde pisan, pero algo no nos cuadra con esta banda. Su look y actitud en el escenario son de grupo mucho más duro de lo que luego sus canciones reflejan y no nos conectamos a un show que además resulta algo monótono. Lo hemos intentado con ellos en varias ocasiones pero… cuestión de gustos me temo. Para quitarnos el mal sabor de boca pasamos a bailar con Arturo Paniagua y una sesión que no podía fallar.

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