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Crónica Festival Dcode 2017

Dcode 2017. Madrid,  sábado 9 de septiembre. Desgraciadamente era inevitable, no pudimos ir a “la sesión matinal” y nos perdimos los conciertos de Miss Caffeina e Ivan Ferreiro. Una lástima pero los horarios eran inabarcables. Lo que no nos podíamos perder era a Daughter, que sorprendentemente tocaban en el escenario más pequeño del festival. Coincidían en horario con Milky Chance (a los que a duras penas escuchamos mientras intentábamos entrar), pero el trío comandado por Elena Tonra era uno de los puntos fuertes de los que la organización del Dcode se podía sentir más que orgullosa. Pero las larguísimas esperas para entrar (más de 40 minutos para poder acceder y aguantando demasiados apretones y agobios) nos hicieron llegar a mitad del concierto. Desgranaron canciones de sus dos únicos discos y demostraron que están llamados a cosas muy grandes. Puede que haya sido uno de los conciertos del festival pero sólo lo pudimos comprobar a medias.

No fue nada fácil conseguir un buen sitio para ver a un Liam Gallagher que está ganándose el pan con su propio nombre de reclamo, aunque tomando prestadas canciones de sus anteriores proyectos. Era un buen momento para comprobar si el público más joven – o menos atento a la jugada – era capaz de valorar su carrera al completo y no sólo los grandes hits. Ya vimos en el FIB que anda más en forma que en los últimos años de Oasis y Beady Eye, pero ante sus últimas declaraciones, en las que decía que se iba a retirar si As you Were fracasaba, no podíamos faltar apoyando a uno de los personajes fundamentales de la música de los últimos 25 años. Lamentablemente la solución a la pregunta anterior no fue muy positiva. La respuesta del público fue más bien fría y sólo con Wonderwall la gente “pareció” enloquecer. Ni siquiera el resto de canciones de Oasis ocasionaron la respuesta que ellas merecían, mucho menos por tanto las de su disco en solitario. Ni que decir tiene que la gente que le gritaba “Oasis, Oasis” no lo habría hecho si hubiera visto como Liam les miraba desafiante mientras ellos se hacían selfies.

Dos de las bandas de la noche andan de rodaje con una nueva formación. Una es Band of Horses (la otra, Franz Ferdinand, ya dio buena cuenta en el Low que el cambio no ha salido tan mal) y había que comprobar que Ben Bridwell no iba a estar “solo” en el escenario con su extraordinario carisma. Su maravillosa voz y sus grandes canciones ya arrasaron en el Dcode de 2011 pero en esta edición las circunstancias no nos parecieron tan favorables. Por más que intentamos buscar un sitio para poder disfrutar del concierto nos fue imposible conseguirlo. A no ser que estuvieras entre el puñado de fans entregados de las primeras filas era muy difícil concentrarse, más incluso cuando se entregaban a las sutilezas y los temas más delicados. Sonaron Is There a Ghost en la primera parte o The Funeral al final pero sólo se podía entrar y salir de la atmósfera que Band of Horses pretendía crear y así cualquier concierto es sólo medio concierto.

Liam Gallagher en Dcode 2017

Interpol andan celebrando el 25 aniversario de su debut Turn The Bright Lights y el objetivo era repasarlo al completo. Había que cruzar los dedos para que un concierto corto de festival permitiera hacer los bises que andan haciendo en su gira y poder completar un concierto con temazos como Public Pervert o The Heinrich maneuver. Pero Paul Banks y compañía quisieron hacer un show sin muchas concesiones a la galería. Su parte más intensa estuvo apoyada por unas luces oscuras y rojas y unos primeros planos de su cantante que hizo alarde de su buen acento español. La parte final con Evil y Slow Hands nos puso los pelos de punta pero como todos los conciertos del día pudo ser mejor, entre otras cosas si el recinto no hubiese estado tan masificado, ya que ni estando lejos podías estar tranquilo. Desde nuestro punto de vista o sobra gente o falta sitio.

Franz Ferdinand son de esos conciertos que puedes recomendar a cualquiera con un mínimo de gusto musical. Y no es ni muchísimo menos en tono peyorativo. Una de las mejores bandas en directo del planeta Tierra (al menos la más divertida) te hacen bailar aunque tengas la cadera de madera, como bien se empeña en decir su líder (ahora sin Nick McCarthy a su lado) Alex Kapranos a la mínima que tiene ocasión. Él quiere hacer bailar a todo el mundo y ya te digo que lo consigue. Pero si un concierto de Franz Ferdinand no te hace conectar, como fue el caso, algo falla y afortunadamente hace menos de dos meses comprobamos que no son los escoceses, ni sus nuevas canciones, ni su nueva formación. Es triste reconocer para nosotros que un festival que supuso un soplo de aire fresco cuando nació en la anquilosada escena madrileña se haya vuelto casi impracticable para disfrutar de la música (es eso de lo que se trata, ¿no?). Hace tiempo que no estábamos en un festival en el que nos costara tanto encontrar nuestro sitio. A no ser que estuvieras entre los primeros puestos el sonido era deficiente y una parte del público era disperso y molesto, del que no sueles encontrar tanto en otros festivales de música. No quiero que se me entienda mal; evidentemente que no tienes que ir a mil festivales al año, ni conocer al dedillo la discografía completa del grupo menos conocido del cartel. Pero al menos saber comportarte, respetar a los artistas, no molestar al resto de asistentes y no querer estar en las primeras filas en la única canción que te suena (Take me out comparte con Wonderwall “el honor” de ser las más coreadas de esta edición).

The Kooks tenían que ser nuestro cierre (más temprano de lo deseado) de Dcode 2017. El Best of que sacaron en mayo era ya una pista de por donde iban a ir los tiros en directo en esta gira. Y es que los de Luke Pritchard tienen una colección de singles en poco más de una década de carrera al alcance de muy pocos. Pero cómo estaría la situación que preferimos irnos y esperar a una mejor ocasión. No nos vamos contentos de una edición con un cartel casi inmejorable y a la vez tan difícil de sacar provecho de lo que nosotros entendemos como un festival de música y a lo que estamos acostumbrados en nuestros 15 años asistiendo a festivales (hemos estado en muchos y hemos visto prácticamente de todo). Evidentemente también hay cosas positivas: el nivel audiovisual de pantallas – tanto en la realización como en la calidad de imagen – era más que aceptable, se ha mejorado con respecto a otros años en las esperas en los baños (o tuvimos suerte), y por supuesto como ya hemos dicho el cartel era muy bueno pero nos vamos con mal sabor de boca por no haberlo disfrutado como merecía.

 

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