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Crítica de ‘Magnolia’ de Rufus T. Firefly

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Psicodelia llena de capas y matices

Todo parecía señalar que el nuevo disco de los de Aranjuez va a suponer un salto en su carrera y su portada, obra de Julia Martín Maestro (batería de la banda), puede ser un buen resumen de lo que nos encontramos en Magnolia: Multitud de colores vivos mezclados en texturas que ocultan un significado no evidente. Merece la pena adentrarte en la atmósfera de un disco y de un grupo, diferente, de los que no abundan en el indie español.

El primer adelanto a finales del año pasado no dejaba ninguna duda. Rio Wolf (homenaje al grandérrimo Jeff Buckley) es un pelotazo y si el público más conservador no le coge miedo al cóctel psicodélico de Rufus T Firefly, darán mucho que hablar este año. Influencias que van desde Tame Impala a Pink Floyd o bandas hermanas como Mucho o Havalina y letras alejadas de lo facilón (con referencias cinéfilas, a la naturaleza o al amor), son los ingredientes que les harán subir a la primera fila del indie nacional.

Magnolia se abre con una de las mejores canciones del disco. En Tsukamori ya se nota la mano de Manuel Cabezalí en la producción (además de en las guitarras se nota también en las voces). Cisne negro es también una de las más Havalina, que por otra parte están también de estreno con su nuevo trabajo, Muerdesombra.

Espectro es la balada del disco, al menos empieza como tal, hasta que a mitad de canción se apaga la voz y empieza la tormenta sonora. Canción que estamos deseando escuchar en directo. Seguro que Victor y compañía hacen buena cuenta de ella.

La personalidad del grupo debe mucho a los teclados, en esta ocasión obra del propio VictorRodrigo Cominero (Sonograma) y Martí Perarnau. Suenan ochenteros, como si fueran parte de la B.S.O. de Stranger Things (¡Bendito revival!). En –O– Última noche en la tierra, por ejemplo, son vitales en el esqueleto de la canción.

Suenan un poco más Mucho en El halcón milenario, no obstante han colaborado en el disco Martí Perarnau y Miguel de Lucas al bajo. Pero siempre manteniendo una personalidad y riesgo no muy habitual últimamente.

Magnolia es la canción que cierra el disco y que le da nombre. 8 minutos que comienzan con unos hipnóticos teclados antes de empezar a cantar Victor una de las mejores letras del disco.

“La segunda muerte fue más dulce,

nos dormimos con la voz de Bowie

y la suave luz de una luciérnaga nos arropaba”

Nos reafirmamos. Estamos deseando ver en directo la presentación de Magnolia y seguro que en los próximos meses tendremos más de una oportunidad.

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