Crónicas de Conciertos y Festivales · Música

Crónica del concierto de Robe en el Wizink Center. Madrid, 11 noviembre 2017

Teníamos curiosidad por ver cómo iba a ser el concierto del 11 de noviembre en Madrid de Nadie se baña dos veces en el mismo río, tercera parte de la gira Bienvenidos al temporal (tras Casi me corto el pelo y Ponte a cubierto) que empezó siendo por teatros, sitios cerrados y más pequeños en los que mostrar y apreciar más sutilezas (crónica del concierto en el Teatro Circo Price el 28 de junio) y ha terminado siendo otra demostración del enorme poder de convocatoria de Robe Iniesta en pabellones y sitios de gran aforo.

En un recinto como el antiguo Palacio de los Deportes iba a ser más difícil el control de “las normas” que estableció en la primera tanda de conciertos (nada de tomar vídeos o imágenes, ni meter alcohol) y hacer que la gente mantuviera silencio ¿cuándo aprenderemos a ver conciertos respetando a los demás y al artista?, aunque por lo que vimos si que la seguridad estuvo atenta cuando la gente se ponía a grabar un rato el concierto – incluso llegaron a echar a alguno que se empeñó en hacerlo – y el cantante explicó que habían hecho un esfuerzo en poner pantallas para no perderse detalle (y se lo agradecemos los que no luchamos por las primeras filas o estamos lejos del escenario) y que “una foto de recuerdo vale pero sin molestar a los demás”.

La entrada del también líder de Extremoduro se produjo sonando un violín, al que se añadieron unos golpes de bombo y unos quejíos flamencos. Cuando comenzó a sonar El cielo cambió de forma, la primera de las canciones de un set list en el que repasó prácticamente por completo sus dos discos en solitario (Lo que aletea en nuestras cabezas y Destrozares, canciones para el final de los tiempos), el público ya estaba totalmente entregado. Robe saluda al público dándole la bienvenida y no puede ocultar la felicidad en su cara y se sienta para hacer parte de un repertorio que ya se intuye que va a ser parecido al de los últimos tiempos.

Suenan en esta primera parte del concierto Hoy al mundo renuncio, hace un recuerdo al recientemente fallecido Chiquito de la Calzada (hasta amagó con una imitación), Nana cruel en recuerdo a un niño refugiado de los dos de media que mueren cada día en el Mediterráneo – en otra prueba más de la gran sensibilidad del placentino dice que no se la dedica si no que se la canta a él -, cambiando parte de la letra. Y para despedirse, antes del consabido descanso a mitad del concierto de todas las actuaciones que tienen como protagonista al señor Iniesta, tocan Destrozares – ya con él en pie en el centro del escenario – y La canción más triste.

En la vuelta se produce el delirio general al arrancarse con el inicio de Extremaydura de su disco Rock Transgresivo de 1989. Pero sólo era un apunte y la enlazan en seguida con Cartas desde Gaia. El protagonismo del saxo en Puta humanidad es una buena muestra de lo que es capaz su proyecto en solitario y una banda versátil, joven y con talento. Robe cree que es necesaria una guerra nuclear y la verdad es que últimamente sería difícil llevarle la contraria. Contra todos empieza con un bajo muy protagonista tras presentarla como “una canción necesaria” y se convierte en una de las más celebradas por el público.

Por encima del bien y del mal cerró el concierto a la espera de dos bises. Si te vas… otro de los recuerdos a Extremoduro que sonaron y Un suspiro acompasado tras una presentación de la banda que así recibió su merecido reconocimiento. A pesar del enorme cariño que Robe recibe del público (probablemente tenga la legión de fans más fiel del rock en castellano) nos da la sensación de que algo se le debe y se está cometiendo una injusticia, no reconociendo del todo su importancia en la música de este país. Ojalá un país justo con los artistas que hacen que el pueblo sea feliz.

 

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