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Mejores películas musicales del Siglo XXI

Ahora que parece que La La Land ha inventado la pólvora, es buen momento para recordar algunos de los mejores musicales de los últimos 17 años.

El cine de género aparece y desaparece, pero raro es el año en el que no hay una buena peli del Oeste, de cine negro o un musical. Sin ir más lejos el nuevo siglo vio muy pronto su primer gran musical en 2001. Moulin Rouge de Baz Luhrmann consiguió varias nominaciones en los Oscar, 8 nada más y nada menos, aunque sólo se llevó 2. La película dividió al público y la crítica. Unos decían que era una obra maestra, original y espectacular y otros un simple videoclip inflado. Lo que está claro es que esta historia de amor, con pareja de actores de moda (Nicole Kidman en su mejor momento y Ewan McGregor) parece que no está envejeciendo demasiado bien y está quedando antigua muy pronto. En cualquier caso los efectos visuales, los números musicales y la fotografía se disfrutan con gusto.

No podemos dejar pasar una película que está en el umbral del cambio de siglo. Bailar en la oscuridad de Lars Von Trier se estrenó en el año 2000. El único trabajo de Bjork en el cine es sin duda, para Flores en el Ático, el musical más importante de lo que llevamos de siglo. Diferente, con medio pie en el manifiesto Dogma (que por entonces tenía al genio danés ocupado) ponía los pelos de punta y era habitual ver lágrimas en el patio de butacas durante su proyección.

Hedwig and the Angry Inch (2001) ópera prima personalísima de John Cameron Mitchell (posterior a su obra teatral donde también actuaba) trata sobre un músico transgénero que persigue a su ex-amante por haber plagiado sus canciones. Una de las películas más desconocidas de la lista, totalmente reivindicable por su carácter outsider dentro del musical de Hollywood de los últimos años.

Chicago (2002) está dentro del grupo de musicales más de la vieja escuela, pero hecho con mucho gusto. Obra de Rob Marshall, el especialista de Hollywood en este género, autor también de Nine en 2009 (adaptación musical de 8 y medio de Federico Fellini) y Into the woods (2014) que enlazaba varias cuentos de los hermanos Grimm. Numerosos premios, sobre todo para Catherine Zeta-Jones en su mejor película de largo.

Curiosa elección de director para El fantasma de la ópera (2004). Joel Schumacher es capaz de cargarse la franquicia Batman con Batman y Robin, hacer thriller decentes como Un día de furia o Última llamada o la biografía de la periodista irlandesa asesinada, por su investigación del tráfico de drogas, Veronica Guerin. Con la adaptación de la obra de Andrew Lloyd Webber consiguió dar un paso más en su eclecticismo y ganar algo de prestigio, que revisando la película parece demasiado premio. Reparto extraño para un musical reuniendo a Gerard Butler, Patrick Wilson o Emmy Rossum, no añadía demasiado a la historia original.

Once y Dreamgirls se estrenaron en 2006 y son dos obras muy distintas e interesantes por distintos motivos. Dreamgirls era una especie de biopic no autorizado de The Supremes y Diana Ross, con Beyoncé de protagonista. Grandes interpretaciones, tanto vocales como de actuación, espectáculo, mucho ritmo y el descubrimiento de Jennifer Hudson. Once por lo contrario es casi el antimusical. No hay bailes, ni números musicales, ni gran espectáculo. Pero si una bonita historia de amor, buenas canciones y honestidad. Su director John Carney intentó repetir el encanto del musical indie  siete años más tarde con Begin Again. Y aunque no estaba mal, su primer trabajo en Hollywood, resultaba algo menos creíble.

Sweeney Todd (2007) le venía como anillo al dedo a Tim Burton y su imaginario gótico. De hecho la adaptación del famoso musical de Broadway puede que sea su última gran película, pero aún así los montajes teatrales le podían sacar los colores a un Burton al que hace tiempo parece que se le repiten los esquemas película tras película.

Otra adaptación de musical, aunque en este caso de un estilo algo alejado de nuestros gustos. Mamma Mia (2008) es otra muestra más del talento de Meryl Streep y de musical en su vertiente más ligera. Entretenimiento sin más, tuvo un gran y exagerado éxito.

Los Miserables (2012) es otro ejemplo de la falta de originalidad de Hollywood al empeñarse en adaptar libretos previos. De hecho tiene una versión anterior estrenada tan sólo 14 años antes, dirigida por Bille August (Pelle el conquistador). Tom Hopper logró un trabajo irregular desde la interpretación de los actores, la puesta en escena o los números musicales.

No podemos despedirnos sin nombrar que incluso en el cine español encontramos un musical. Al otro lado de la cama (2002) dirigida por Emilio Martínez Lázaro, llegó a tener una secuela tres años más tarde con parecido éxito y planteamiento. Comedia de enredos, con reparto en estado de gracia (Ernesto Alterio, Guillermo Toledo, María Esteve…) y números musicales donde la falta de pericia de los protagonistas y su frescura era el punto fuerte.

En este reportaje no hemos tenido en cuenta el cine de animación, que muchas veces contaba con números musicales (cada vez menos también es cierto)  aunque sólo fuera para poder ganar algún Oscar a la mejor canción. Ni tampoco películas con algún número musical aislado como 500 Días juntos que contaba con uno muy divertido en el que Joseph Gordon-Levitt improvisaba un baile por las calles de la ciudad tras un primer encuentro con Zooey Deschanel.

Aunque sólo sea porque la industria querrá seguir sacando partido del género, para llevar gente al cine, seguirá existiendo el musical. No estamos en su época dorada, pero seguro que habrá alguna obra interesante en los próximos años que nos hará olvidarnos del mundo exterior en la oscuridad de la sala.

 

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