Cine·Críticas de Películas

Crítica de ‘Paterson’ de Jim Jarmusch

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La belleza de lo cotidiano

La historia de un conductor de autobús, aficionado a la poesía, en su rutina junto a su pareja y Marvin, un bulldog que tendrá un papel importante en la parte final. No hay ninguna trama, ni progresión dramática en el guión, sólo la belleza de la rutina y la supervivencia.

En los últimos años, y desde el comienzo de su carrera, Adam Driver se ha movido estupendamente entre el cine indie norteamericano. Pasando de la serie Girls a trabajar con Noah Baumbach (Frances Ha, Mientras seamos jóvenes), los hermanos Coen (A propósito de Llewyn Davis) o Jeff Nichols (Midnight Special), antes de llegar al director que probablemente ejemplifique mejor qué es el cine independiente en la actualidad, Jim Jarmusch (Dead Man, Los límites del control). A partir de interpretar a Kylo Ren en la nueva trilogía de Star Wars, su papel en Hollywood nos deparará, seguramente, muchas sorpresas. Si es por su trabajo en esta película sin duda se merece el futuro inmediato que le espera junto a Martin Scorsese, Leos Carax, Terry Gilliam o Steven Soderbergh, casi nada, ¿eh?

La acción sucede en una localidad con el mismo nombre que la película, que su protagonista y que la obra más conocida de William Carlos Williams, poeta de la zona de Nueva Jersey en la primera mitad del siglo XX, que es un personaje más. Desde luego no son decisiones tomadas al azar, la vida del poeta (que además conduce un autobús) es la vida de la ciudad y una decisión de como encarar el día a día.

Paterson lidia con un trabajo rutinario, sacándole provecho escuchando las conversaciones de sus pasajeros, fantaseando junto a ellos como si fueran personajes de una novela, poema o cuento. Imagino a Jarmusch eligiendo qué conversación o pequeño trozo de vida poner en el guión para crear un momento de realidad, de la misma manera que el poeta elige en qué poner el acento.

Paterson es feliz. Se despierta, sin necesidad de móvil o despertador, al lado de su novia, desayuna, escribe poesía para él mismo (no la piensa publicar), va al trabajo, pasea a Marvin y se toma una cerveza con los parroquianos de turno; cena con su chica, a la que escucha sus complicados sueños, mientras la anima a seguir adelante y simplemente sigue viviendo.

Jarmusch consigue transmitir la serenidad del personaje (nada que ver con conformismo), pero me temo que según sea el espectador que vea la película, no a todos les resultará tan placentera la vida de Paterson. Pudiéndoles parecer una existencia claustrofóbica, odiar algún personaje o sentir melancolía por sentirse reflejados en la pantalla.

Nada más complicado que resultar sencillo, pero logrando hondura y Jarmusch lo ha conseguido, sabiendo separar lo accesorio y fijándose en aquellos pequeños gestos, que hacen de la vida ser lo que es. La suma de pequeños actos y decisiones, de alegrías, relaciones personales y decepciones, salen a la luz en Paterson por la capacidad de observación y análisis del director.

A pesar de ser uno de sus trabajos más accesibles, sigue habiendo pequeños toques personales. Como por ejemplo los extraños encuentros con parejas de gemelos o ese final que puede salir directamente de la mente de su protagonista y que le empuja a la moraleja final.

Siempre hay que seguir adelante, siempre se puede volver a empezar y ser feliz.

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