Cine·Críticas de Películas

Janis – Amy Berg

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Riguroso documental sobre la grandérrima Janis Joplin, con numeroso material inédito conseguido tras una investigación de varios años que ha logrado que aparezcan en la película sus hermanos, cartas personales (de especial valor), antiguas parejas o compañeros de sus bandas.

No reinventa el documental, pero si resulta exhaustivo y revelador de la personalidad inadaptada tan frecuente en el mundo del rock. Y en los pocos gestos de autor que se plantea, acierta eligiendo a Chan Marshall (Cat Power) para hacer la voz en off.

Desde pequeña marginada por sus compañeros, fue siempre a remolque en la búsqueda de una libertad personal, siempre penalizada por una sociedad que no acepta lo diferente.

En la búsqueda de respuestas no es innovadora. La autodestrucción de una estrella que parece que con el éxito profesional se integra en la sociedad pero termina siendo consumida rápidamente por la soledad.

Pero el auténtico valor de la película es cuando la ves salir al escenario, la oyes cantar mientras la miras a los ojos y sólo hay una palabra para describirlo: VERDAD. Como dice Juliette Lewis en unas prescindibles entrevistas que podemos ver durante los títulos de crédito, parece que se abriera en canal para cantar con las entrañas. Al mismo tiempo es triste pensar que todo lo posterior a la época dorada del rock parece una mera copia o imitación de los verdaderos grandes.

Aparecen también los festivales de Monterrey y Woodstock, donde todo cambió y se produjo un punto un inflexión, en ella y en la música en general, pasando de genuina y única a convertirse en lo que los demás esperaban de ella.

Si algo se puede achacar a la película es la repetición del guión, de sus recuperaciones y recaídas, pero eso es lamentablemente parte de la realidad que había que enseñar.

Problemas de autoestima desde niña que se difuminan al encontrar su sitio en la libertad de un mundo, el del rock, ajeno a restricciones. Pero los sueños cumplidos terminan dejando un poso amargo. Se queda sin presente ni futuro y al terminar su trabajo sólo le queda la soledad de las habitaciones de hotel.

Especialmente desoladoras son las cartas que envía a su casa donde no para de intentar justificarse y pedir perdón por su ausencia y no cumplir unas expectativas, que en realidad son las suyas. La insatisfacción personal es ajena a los focos y el éxito profesional.

El final es de sobra conocido. Entró a formar parte de la tristísima historia de caídos del rock a los 27 años, Jim Morrison, Jimi Hendrix y Kurt Cobain…

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