Cine·Críticas de Películas

Crítica de ‘Caras y lugares’ de Agnès Varda y JR

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Cine y vida

En Caras y lugares, un mito viviente del cine como Agnès Varda (Los espigadores y la espigadora, Sin techo ni ley, Las playas de Agnès) colabora con el artista urbano JR, rompiendo todos los límites entre cine documental/ficción, imagen fija/en movimiento, road movie…

La “no tan extraña pareja” recorre lugares de Francia, alejados de lo turístico, con el pintoresco camión laboratorio fotográfico de JR organizando grandes instalaciones y modificando el paisaje en base a un guión más o menos improvisado de la ruta que tienen pensada a priori.

Agnés, clave en la Nouvelle Vague (casada con Jacques Demy y relacionada con lo más granado de la época), el cine feminista, el documental y la historia del cine en general, sigue abierta a la modernidad y filma y protagoniza, con su joven compañero, una historia llena de ternura, humor y poesía.

Aunque no sea habitual en este tipo de películas, aquí consiguen además un punto de misterio o sentido de progresión en el guión, con un futurible posible encuentro con Jean Luc Godard y el suspense de saber si JR desvelará algo sobre su misteriosa personalidad, que hace que la película desborde sus límites.

La forma en la que se acercan a la gente, con enorme respeto y empatía, hablan sobre sus historias y las representan en esas instalaciones, crea una red de sentimientos entre ellos que se escapa de la pantalla. Por escoger dos momentos representativos elegimos los protagonizados por las mujeres de los estibadores, todo un monumento al empoderamiento feminista, subidas en una enorme pila de contenedores entre sus propias imágenes. Y también, por lo emotivo que tiene detrás la historia, la fotograía sobre el enorme bunker caído en la playa y cómo va desapareciendo con la marea. Lo efímero de la imagen y la historia representada en una secuencia sencilla y tremendamente conmovedora.

Ese final con el mensaje del esquivo director de Al final de escapada o Alphaville y la reacción cambiante de Agnès -que pasa de la indignación y el llanto a autoconvencerse que es un gesto de complicidad- es de los momentos más emocionantes del cine que se ha filmado en los últimos años.

Puede que no sea el mejor de los trabajos de su directora, incluso puede que no tenga mucho que ver con su obra, pero desde luego el valor de Caras y lugares entra inmediatamente entre lo más destacado de lo rodado en este siglo.

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