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Nuestra opinión de la 4ª Temporada de Orange is the New Black

No éramos muy optimistas con la cuarta temporada de Orange is the New Black. La anterior había sido bastante decepcionante y desgraciadamente los primeros capítulos sólo hacían continuar esa sensación.

Tramas muy alargadas y algo absurdas como la de la venta de ropa interior usada, el exagerado cambio de personalidad de Piper o el abandono de uno de los puntos fuertes de la serie -los flashbacks de las historias personales de las presas- estaban haciendo que seguir la serie se hiciera demasiado cuesta arriba. Y es que no se diferenciaban del mal más extendido entre muchas series de éxito. Alargar las tramas metiendo demasiada paja y no con personajes secundarios -que en otras ocasiones sumaban a la historia general-, sino de tramas paralelas que nada o casi aportaban.

Pero afortunadamente en los capítulos finales de la ficción carcelaria se pisó el acelerador con dos de las historias más importantes de las dos últimas temporadas. El asesinato del sicario que entra en la cárcel para liquidar a Alex y la forma en que resuelven su descubrimiento, enterrado bajo la huerta, aporta un momento muy emocionante con el internamiento de Lolly en un deprimente pabellón psiquiátrico. Y es que de las cosas que mejor hace la serie a lo largo de todas sus temporadas es conseguir que el espectador se emocione. Sam Healy, personaje que también se merecía más protagonismo, tiene un papel crucial y queda tan tocado como nosotros al verlo.

Tampoco están mal vistas las tramas raciales (en ocasiones parecía que se llevaban todas demasiado bien) o la forma en que la dirección trata a las reclusas, pero algunos personajes parecen demasiado caricaturizados, como algún guarda o Judi King (Blair Brown también protagonista en Fringe), que prometía mucho y se ha quedado en personaje casi anecdótico. Está bien que se hayan recuperado personajes como Sophia Burset o Nicky Nichols a las que se echaba de menos.

Pero si algo marca esta temporada son sus dos últimas entregas. El asesinato de Poussey, por el menos malvado de los guardas -gran idea de guión-, supone uno de los momentos Orange desde que se estrenó en 2013. Desgarrador el momento en si y la reacción de las compañeras y muy bonito el flashback homenaje que le dedican. En Flores en el Ático nos emocionamos mucho con este final y nos entraron dudas -cuando parecía que teníamos decidido abandonar Litchfield- de volvernos a enganchar el próximo 9 de junio, fecha del inicio de la quinta temporada.

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