Cine·Críticas de Películas

Crítica de Personal Shopper de Olivier Assayas

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En busca de la identidad perdida

Personal shopper es una película extraña, en la que el espectador tiene que estar siempre alerta, sin acomodarse a las leyes de ningún género cinematográfico. Pasa de ser un drama social sobre la precariedad laboral, a un thriller o incluso una peli de terror con gran facilidad. De hecho esa dificultad y la forma de resolverla, de cambio en el tono, es de sus puntos fuertes, no resulta nada fácil esa transición sin parecer un corta-pega de muchos proyectos.

Sorprende la elección de este proyecto de Assayas, más si cabe después de Viaje a Sils Maria con la que no sólo comparte protagonista, sino parte del argumento (persona famosa con ayudante y cierto tono que ralla lo espiritual). Desde luego no es el camino fácil para un director de tanto prestigio (Carlos, Las horas del verano), pero está claro que lo hace para hablar de sus obsesiones, la muerte, la búsqueda de uno mismo y la deriva de la sociedad actual.

Una joven es asistente personal de una persona muy famosa mientras trata de “ponerse en contacto” con su hermano recientemente fallecido, con el compartía cierta habilidad espiritista.

El director tampoco toma el camino más sencillo en la puesta en escena para hablar de ese más allá. Juega con la ambigüedad, pero asumiendo el riesgo de representar en pantalla las visiones de Stewart.

No creo que tenga que haber nadie todavía que cuestione el trabajo de Kristen Stewart. Se ha ganado a pulso el reconocimiento de su carrera. Aunque sólo sea con esta última película y el trabajo anterior con Olivier Assayas, en Viaje a Sils Maria, ya merece la pena que se haya olvidado su pasado de estrella teen.

La protagonista no sabe quién es, está siempre huyendo (en tren, moto…) y apenas se la ve en un entorno personal que la identifique (algún plano en su pequeño y claustrofóbico apartamento) y si en lugares públicos. Le gusta jugar a ser otra persona, poniéndose la ropa de su jefa y viviendo en su pisazo. Sus relaciones y la forma de comunicarse también son falsas, a través de la pantalla de un ordenador o del móvil, lo que provoca el mayor misterio de la película.

En un último giro de guión, Assayas propone una solución a parte de los enigmas (con la aparición de “un culpable”), pero vuelve a interpelar al espectador de manera directa a través de Stewart, dejando la solución inequívoca para otra ocasión. La identidad personal y comunitaria en nuestros días es una completa incógnita.

 

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