Cine·Críticas de Películas

Crítica de ‘Sólo el fin del mundo’ de Xavier Dolan

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En todas las familias hay una oveja negra

No hace mucho veía la anterior película de Xavier Dolan, Mommy, y me sorprendió para bien. Es cierto que parecía fiel a las críticas que había leído sobre su trabajo, pero me parecieron algo exageradas. Director desmesurado, arriesgado en lo que cuenta y sobre todo en cómo lo hace, excesivo y provocador, en aquella ocasión parece que su funambulismo entre el bien y el mal, le hizo caer del lado más acertado. En cambio en Sólo el fin del mundo al canadiense le ha salido un trabajo más irregular.

La historia de un personaje que vuelve a casa -de la que se ausentó muy joven huyendo de un agobiante entorno familiar- para darles la noticia de que le quedan pocas semanas de vida, es un interesante punto de partida que te consigue atrapar. El guión, además, no esconde la trama principal y en la introducción ya sabemos a dónde se dirige. En cuanto llega a la casa, todo parece indicar que estamos ante el tipo de película de reencuentros familiares entorno a una celebración. Pero claro, estamos hablando de Dolan y le ha dado más de una vuelta a las habituales peleas y reproches de este “casi” género fílmico.

Enseguida aparecen problemas en la narración. Lo que en principio parece una utilización de la música que sumaba a la acción, en seguida se convierte en un estorbo donde realmente se llega a no oír la conversación. Y no es algo puntual, su director sigue insistiendo todo el metraje y la película no puede respirar. Tampoco ayudan a la progresión dramática unos flashbacks casi siempre sobrantes y accesorios.

Es cierto que el riesgo que también toman los actores, consigue momentos emocionantes. Sobre todo en los que se ve al personaje principal dudar de si contar o no su historia o el de Vincent Cassel (cuando no está pasado de rosca que es casi siempre) cuando se nota que está actuando como realmente se espera de él. También están bien vistos momentos de discusión o situaciones que pueden ser consideradas como extrañas para quien diga tener una familia “normal” (¿realmente existe alguna?), como el baile de la madre y la hermana donde simulan una clase de aeróbic. Pero Dolan hace que los personajes sobrepasen los límites y lo que provocan muchas veces es extrañeza e incomprensión. Incluso a Marion Cotillard, la más acertada del elenco (una de las más grandes actrices de la actualidad) se la ve a ratos perdida.

El personaje motor de la acción termina por tomar una decisión, pero para entonces a los espectadores ya les importa poco el destino de unos personajes que terminan por resultar antipáticos.

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