Cine·Críticas de Películas

Crítica de ‘Comanchería’ de David MacKenzie

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Cine social del bueno en una del Oeste

Nos hemos llevado una buena sorpresa con Comanchería. En un principio, parecía una película de atracos a bancos, con buenos intérpretes y sin demasiadas expectativas. Pero David Mackenzie, autor de Convicto, un drama carcelario super recomendable, le ha otorgado unos valores añadidos que la acercan a buen cine de denuncia social.

Dos hermanos emprenden una carrera desesperada y suicida robando bancos, para salvar la granja familiar de la ambición desmedida de la crisis económica. El entorno es lo que hace a Comanchería algo distinto. El plan de la novata pareja de ladrones les hace atravesar territorios casi desérticos, con la única distracción, en el impresionante paisaje, de carteles publicitarios de empresas que renegocian hipotecas, concesionarias de préstamos rápidos y pequeñas poblaciones donde los negocios están abandonados y sus ciudadanos están desempleados.

Es el impresionante entorno y sus personajes los que la hacen ser “una del Oeste” y bien podían intercambiarse situaciones por los de un western clásico. La preciosa fotografía de Giles Nuttgens y la banda sonora de Nick Cave y su compinche Warren Ellis (unos expertos ya, en el cine del Oeste de nuestros días) son otros de sus puntos fuertes. Podía ser digna de entrar entre las renovadoras del género y entrar en la lista de mejores películas de vaqueros del siglo XXI, de las que hicimos hace unos meses un reportaje (mejores western siglo XXI). Eso si, habría que ponerse de acuerdo en quién son los indios, ¿O tal vez esté claro?. No aparecen como tales, pero podían estar reflejados en esos dos hermanos que tienen que luchar con pocos medios contra un enemigo mucho mayor.

Ben Foster, siempre desde las sombras de un actor de reparto, está labrando una interesante carrera. Destacando en The Program, En un lugar sin ley o The Messenger aquí vuelve a brillar y puede ser el momento de ser reconocido por un público mayor. Chris Pine (Star Trek) hace la mejor interpretación de su carrera y no desentona con sus compañeros. Ni siquiera con el siempre enorme Jeff Bridges que aquí, en un papel más pequeño de lo habitual, hace un personaje cansado y avejentado con la suficiente sutileza para resultar brillante.

El guión de Taylor Sheridan da una única válvula de escape. Para salir adelante y no caer en el pesimismo, sólo nos queda la unión entre los oprimidos, la gente corriente que está siendo dirigida directamente a un futuro sin salida. La fraternidad de los dos protagonistas está tan bien vista como, por ejemplo, su relación con unos personajes de una cafetería, en la que comen y que podían delatarlos pero no lo hacen.

La multitud de premios y nominaciones que ha recibido la película, (Globos de Oro, sindicatos de actores y guionistas, etc) a su guión, reparto y como mejor película del año, nos hace alegrarnos que películas con talento no pasen desapercibidas a pesar de tener bastante puntos para hacerlo.

 

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