Cine·Críticas de Películas

Crítica de ‘Elle’ de Paul Verhoeven

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La carrera de Paul Verhoeven es una montaña rusa, no sólo en cuanto a calidad, sino sobre todo en cuanto a temas que trata. Esta claro que no le gusta aburrirse y que lo evita en cuanto puede. Ya cercano a los 80 años es una gran noticia que haya tenido fuerzas para hacer una de sus mejores películas y de hacerlo junto a una de las mejores actrices de la actualidad (y desde hace bastante años), la grandérrima Isabelle Huppert (La Pianista, Una Mujer en África, Borrachera de Poder). Los dos personajes tan diferentes que Huppert tiene ahora en cartel (El Porvenir se estreno hace pocas semanas) son prueba suficiente de su talento y versatilidad.

Hacer un repaso por su carrera es hacerlo por parte de la historia del cine  más polémico y mediático de los últimos 40 años. La nominada al Oscar Delicias Turcas (1973), la violenta Los Señores del Acero (1985), su periodo más conocido en la ciencia ficción con Robocop (1987) o Desafío Total (1990) o en el thriller “erótico” Instinto Básico (1992) y Showgirls (1995); su caída en desgracia con la incomprendida y minusvalorada fábula irónica Starship Troopers (1997) o la menor El Hombre sin Sombra (2000). Desde entonces sólo ha estrenado la interesante El Libro Negro (2006) antes del excesivamente largo parón antes de esta Elle, que parece llevar a Huppert hacia un merecidísimo Oscar y a él mismo como ganador en la categoría de Película de habla no inglesa. No es poca cosa su filmografía y no estamos como para desperdiciar talento.

Con Elle vuelve la controversia por el retrato de una violación y sobre todo por la extraña reacción de la víctima -aunque diferente se puede emparentar con la de la protagonista de la reciente y recomendable Paulina-, que no busca justicia como estamos más acostumbrados a ver en el cine.

La película abre con la mencionada violación, en una escena seca y enigmática gracias a la música de fondo y los planos de la mascota de la protagonista observando la violencia como un espectador más. Pero Michele no va a la policía y no lo denuncia, sigue con su vida, mientras fantasea con una probable venganza. Las relaciones que tiene con sus amigos, empleados y amantes son de dominación, todas son un juego para ella. Necesita quedar por encima y resultar “vencedora” incluso humillando a quien se ponga por delante, aunque sea su propia familia.

La película juega en muchos momentos sobre la fina línea del humor, que la hace estar a punto de caer en el absurdo, pero en esta ocasión Verhoeven sale victorioso (aunque por los pelos). Aunque si algo se le puede achacar es un metraje excesivo, con un número de personajes excesivo y situaciones que subrayan demasiado el carácter frío e egoísta de Michele.

Elle sigue los parámetros de un thriller -en el que no importa tanto quién y si el cómo- mientras golpea a la moral biempensante y las estructuras familiares típicas de las que se ríe con sorna. A Verhoeven le gusta provocar a la vez que socava los valores de una sociedad hipócrita y si como en esta ocasión (o en otras en su carrera) lo hace sin que muchos se den cuenta, mejor que mejor.

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