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Crítica de El Porvenir (L’Avenir) de Mia Hansen-Love

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El abismo del cambio

El Porvenir de Mia Hansen-Love abre con un prólogo que anticipa el resto del metraje. Una familia de vacaciones se encuentra ante la tumba de Chateaubriand (escritor clave del Romanticismo) y ante una naturaleza apabullante (un acantilado que desemboca en el mar) el padre se queda a solas, meditando. Escena que cobrará un nuevo significado cuando se repita más tarde con diferente protagonista.

Una elipsis de varios años nos deja ante el personaje femenino donde más cómoda se encuentra, enseñando filosofía en un instituto. En las afueras hay una huelga de estudiantes por la reforma laboral y ella discute con ellos para que dejen pasar al resto de alumnos. Así asistimos ante la primera de las contradicciones del personaje de Isabelle Huppert. En el aula dice que lo más importante es enseñar a pensar por uno mismo pero en la calle se queja cuando lo hacen.

Pronto tendrá que tomar las riendas de su vida y tomar decisiones a las que no está acostumbrada. Su marido la deja por una mujer más joven, su madre ha sido siempre un dolor de muelas (depresiva e infantil depende totalmente de ella) y un antiguo alumno la da la noticia de retirarse al campo a vivir de una forma que ella no aprueba.

Isabelle Huppert nunca ha resultado tan vulnerable, incluso físicamente (se la ve hasta más pequeña), y llora y duda como realmente sucede. No ante una escena muy dramática, si no paseando o en el autobús, mientras recuerda algo. Gran momento de interpretación cuando pasa del llanto a la risa ante la visión repentina de su marido con su nueva pareja.

La película deja una sensación extraña, un poso de tristeza. El proceso de cambio al que se somete no promete felicidad sin más. Es difícil romper con todo, y aunque ella verbaliza estar ante un folio en blanco en su vida, puede que no sepa o quiera escapar.

Incluso su alumno (ejemplo en la película de todo lo libre) tiene un plano enigmático, conduciendo a solas, que le coloca en el mismo plano que el matrimonio y que nos muestra sus dudas sobre unas convicciones que parecían muy sólidas. La duda sobre el cinismo de este personaje planea demasiado sobre un guión que por otra parte trata a los demás con respeto, sin juzgarlos.

Mia Hansen-Love (autora de la magnífica El Padre de mis Hijos) retrata sin excesivo drama momentos de gran hondura y lo hace apoyándose en una de las mejores actrices de la actualidad, la grandérrima I. Huppert (La Puerta del Cielo, La Pianista, Gracias por el Chocolate). Siempre partiendo de lo más cercano e íntimo (aquí se inspira en su propia madre, en Edén lo hacía en su hermano) reflexiona sobre sentimientos universales y lo hace alejándose de los tópicos.

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