Cine·Críticas de Películas

Crítica de Café Society de Woody Allen

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¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

Siempre es una buena noticia una nueva película de Allen, estamos acostumbrados a que el nivel medio sigue siendo una de las mejores películas del año. Pero en este caso encontramos más peros de los habituales en los últimos tiempos, aunque ya sabemos que no tenemos que esperar una gran obra maestra cada vez que estrena, sobre todo cuando lo hace cada año.

Los Ángeles, años 30. En la meca del cine, el joven recién llegado Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg), sobrino de un poderoso agente y productor de Hollywood (Steve Carrell), se enamora de Vonnie (Kristen Stewart), la guapa secretaria de su tío Phil.

La falta de pretensiones es de lo más positivo que podemos destacar de sus últimos trabajos y aquí también ocurre. El problema de Café Society es que esos diálogos chispeantes, esos toques de humor o esa idea simple, pero tratada con reflexión, que vertebra sus películas aquí son muy débiles. Y esa falta de pretensión se transforma en pereza.

La historia de amor es poco creíble, en parte por unos actores (que es cierto que no están entre nuestros favoritos) que no transmiten conexión por una frialdad excesiva. Jesse Eisenberg y Kristen Stewart no contagian nada de química y los secundarios tampoco ayudan (Blake Libely con un personaje anodino, Steve Carrel…)

La voz en off (de la que en ocasiones hemos sido defensores) aquí resulta reiterativa y por momentos parece que demasiado alargada. La narración parece transcurrir a trompicones, los momentos de humor están reservados a unos personajes que parecen sacados sketches de otra comedia de situación.

Esa gran película o serie que completa la filmografía del genio de Nueva York, empieza a tener piezas descartables, algo que hace tiempo era impensable.

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