Cine·Críticas de Películas

Crítica de Sparrows de Rúnar Rúnarsson

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La ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián del año pasado llega ahora a nuestras pantallas. Viene siendo habitual que películas independientes, incluso siendo vencedoras en grandes festivales, tarden en llegar a los cines españoles más de un año. De hecho suele ocurrir que , como en esta ocasión, el certamen del año siguiente sirva como mecanismo de promoción adicional para su estreno. Bienvenido sea, aunque en los tiempos que corren, donde la rapidez guía nuestra vidas, nuevos estrenos de sus protagonistas o la actualidad, pueden dejar antigua la cinta y restarle la repercusión que merece.

El islandés Rúnar Rúnarsson ya había estrenado dos películas bien recibidas (Anna en 2009 y Volcán en 2011) antes de esta durísima historia sobre el difícil paso a la madurez de un joven, que tiene  que sobrevivir en un entorno totalmente hostil.

Ari vive con su madre en la capital hasta que esta tiene que hacer un viaje con su nuevo marido y le manda a vivir con su padre a un pequeñísimo pueblo en las montañas. Allí descubre que la difícil relación con su padre (del que apenas sabía nada durante años) sigue siendo complicada. Deprimido desde la separación, con problemas con el alcohol, y totalmente abandonado a la autodestrucción no tiene forma de comunicarse con su hijo.

Ari sólo se puede agarrar a la relación con su abuela (la única que le trata con respeto y cariño) y a antiguos amigos de la infancia. Pero esto tampoco le dura mucho y queda totalmente abandonado. Lo único que siempre está para él es la naturaleza. El paisaje de los Fiordos, tan apabullante, como relajante, le otorga los únicos momentos de paz y reflexión. El director le da una gran importancia al entorno desde el principio, emparentándolo con la afición del personaje a cantar en el coro de la iglesia, reflejando una espiritualidad que sólo puede alcanzar en soledad.

El guión tiene un bache, cuando la historia ya está planteada, que hace que la película se acerque demasiado a otras en las que la adolescencia, el primer amor y los problemas con la familia son su eje central. Pero algo sucede en su desenlace que hace que todo cambie. Ari tiene una oportunidad con la chica que le gusta, cuando parece que nada podía salir bien. No desvelaré el desencadenante final, pero algo ocurre extremadamente grave e incluso demasiado crudo, que le pone en la más complicada de las situaciones. Debe decidir si se mimetiza con el entorno o tomar la más radical de las resoluciones, ser un buen hombre (nada que ver con los múltiples ejemplos que le rodean). Será entonces, con un final con tanto peso moral, cuando el niño pase a ser un hombre. ¿O tal vez no?

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