Cine·Críticas de Películas

El Cuento de la Princesa Kaguya – Isao Takahata

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Un humilde granjero, que se gana la vida recogiendo bambú, encuentra una bebé que cada vez que siente, ríe o llora va creciendo rápida y repentinamente. El padre primerizo se empeña en hacer de ella una princesa, diseñando su vida al detalle.

Una sencilla leyenda, con el respeto a la naturaleza siempre presente, y un mensaje sobre la independencia y el destino impuesto al que se tiene que rebelar una princesa que nunca quiso serlo.

Con un tono visual entre la acuarela y el dibujo a carboncillo, disimula la complejidad de una producción costosa, en lo económico y en su duración (más de 8 años desde que Takahata iniciara el proyecto de su despedida), con una gran honestidad.

Algunas escenas son de una gran brillantez expresiva, logrando una sensación de movimiento y libertad que traspasan la pantalla.

El creador de obras televisivas clásicas como Heidi y Marco y fundador del Studio Ghibli, junto Hayao Miyazaki, ha disfrazado con luz y magia una historia en el fondo mucho más amarga y triste.

Si algo se puede achacar a El Cuento de la Princesa Kaguya es una duración excesiva, cercana a las 2 horas y media, que complican su principal virtud, la honradez de la fábula. Una vuelta de tuerca final compleja y de tono opuesto al resto de la película puede confundir al espectador.

La elección de esta película para cerrar la productora de obras maestras como El Viaje de Chihiro o La Tumba de las Luciérnagas es totalmente coherente con su historia. Animación tradicional, ajena a los tiempos que corren de espectacularidad y 3D, de estilo impresionista y con la personalidad suficiente para no perseguir al espectador, aunque eso le de problemas en taquilla.

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