Cine·Críticas de Películas

Crítica de ‘Toni Erdmann’ de Maren Ade

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Una de las películas más premiadas del año llega pronto

Los 5 premios más importantes de la gala del cine europeo, el Fipresci en Cannes, la asociación de críticos de Nueva York. Más las nominaciones en los Globos de Oro, los Bafta, los Independent Spirit… Y la práctica totalidad de los críticos rendidos a sus pies.

Pero resulta que por fin la consigo ver y me deja más bien frío. Y la verdad es que no creo que sea tan sólo porque no se hayan cumplido las grandes expectativas que había puesto en ella, tras tantos elogios. Si no más bien que no me ha conseguido emocionar y en muy contadas ocasiones me ha hecho reír.

El punto de partida promete. Winfried bromea con un mensajero, por el mero hecho de hacerlo (sin público que le ría la gracia), definiendo perfectamente un personaje que hará del intento de no tomarse muy en serio, su forma de vida. En cambio su hija Inés es totalmente lo contrario. Una mujer encorsetada, sin capacidad para reírse de ella misma, en perpetua lucha en un mundo de hombres.

El choque entre ellos sirve a Maren Ade (Entre nosotros) para hablar sobre los problemas de comunicación entre padre e hija. Algunos de los mejores momentos son la incredulidad que se refleja en sus rostros ante la actuación del otro. Maravillosos los dos actores, sobre todo Sandra Huller que tiene un personaje que le exige mayor sutileza que el de Peter Simonischek, que se acerca peligrosamente a la sobre actuación.

El padre viaja a Rumanía, el país donde ella intenta progresar en el mundo de los negocios, para que le responda a la difícil pregunta de si es feliz. Y de paso intentar ayudarla a ser más libre. Y lo hace dando una vuelta de tuerca en su empeño para “salvar” a su hija, tomando la personalidad de Toni Erdmann, un personaje dispuesto a todo.

Uno de los problemas que le encuentro a la película es que al estar el guión tan centrado en dos personajes, la identificación con uno de ellos es inevitable y me cuesta particularmente entender el exceso del padre. Llevar todo al absurdo, provocando situaciones grotescas para avergonzar a la hija, no tenía porque dar el resultado esperado por él y puede que finalmente no lo haga.

La crítica social se desliza hábilmente por el guión, mientras algunas escenas te hacen dar gracias por no ser ninguno de los personajes (tampoco se salvan los secundarios, entre los que hay algunos bastante odiosos). Pero en ocasiones cambian las tornas, dándose cuenta cada uno de su realidad. Aquí es dónde la película se hace más fuerte y dónde se producen las escenas con más fuerza. Como en la que Inés canta con pasión algo de Whitney Houston o la fiesta que termina siendo nudista.

Una especie de epílogo deja un poso de tristeza, tras un falso final previo. ¿Realmente ha cambiado algo tras tanto esfuerzo? ¿Será un reinicio de sus vida o simplemente una vuelta a empezar?

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