Cine·Críticas de Películas

Crítica de ‘Infiltrado’ de Brad Furman

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Hay vida más allá de Walter White

El tirón de una estrella como Bryan Cranston (Breaking Bad) seguramente haya conseguido levantar este proyecto. Lo que no está tan claro, es cómo habrán conseguido convencerlo para aceptar un papel que no le despega, seguramente tanto como el desearía, del Walter White que le hiciera tan famoso. Curiosamente en las últimas semanas sucede algo parecido con Hugh Laurie y su participación en Chance, e incluso, en la misma Infiltrado, Diane Kruger vuelve a estar involucrada en una historia de cárteles de droga -como en The Bridge-. Quizás no sea tan fácil, ni siquiera para gente de tanto nivel, encontrar papeles interesantes. O quizás no merezca tanto la pena luchar por separarse de tu propia historia, cuando esta ha sido como la de Cranston con Breaking Bad.

A pesar  de todos los inconvenientes que rodean a la película, incluido el ser una coproducción en la que se mezclan actores de todo el mundo representando personajes de otros países diferentes, la película cumple las expectativas como correcto entretenimiento de thriller sobre mafias y policías infiltrados. Y no es que la filmografía de Furman diera mucha confianza. Runner, Runner, su anterior trabajo, en la que aparecían Ben Affleck y Justin Timberlake era un despropósito.

El título no deja lugar a muchas dudas. Un policía se dedica a ser otras personas, como agente encubierto, poniendo su vida y la de su entorno en riesgo. ¿Vale todo para conseguir su objetivo? ¿Es posible que el policía acabe confundido y dude sobre el camino a elegir y entablar amistad con los delincuentes? En esto, las miradas de su gran reparto funcionan perfectamente, sembrando la duda.

La tensión generada es la adecuada durante el guión, dosificada hasta el clímax final. La violencia empleada es seca, suficientemente dura y sin complacencias con el espectador. Pero si algo le otorga valor a Infiltrado es la fantástica interpretación de Cranston. Su forma de moverse o relacionarse con el entorno te remiten a actores de otra época, a estrellas de Hollywood. Dos personajes en uno, el de policía -hombre de familia- o el de mafioso, que se relaciona con lo peor y más peligroso del mundo de la droga,  para un actor de los GRANDES.

Y no es que la película invente nada y algún personaje está caricaturizado pero lo que no es un problema es la puesta en escena, más bien todo lo contrario. La ambientación, fotografía y vestuario cumplen con nota. Y el ecléctico reparto sorprende por su efectividad, incluidos los españoles Simón Andreu y un irreconocible Rubén Ochandiano. Pero sobre todo unos formidables John Leguizamo (fantástico en una escena en la que casi es descubierto) y Benjamin Bratt.

No pasará a la historia y seguramente se olvidará pronto, pero desde luego vale la pena ir al cine a verla.

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