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Crítica de ‘Muerdesombra’ de Havalina

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Los reyes del indie más guitarrero y oscuro

Nuevo trabajo del trio madrileño formado por Manuel Cabezalí, Javier Couceiro y Jaime Olmedo, que cuenta ya con una carrera larga y más de 15 años a sus espaldas. Grupo de “La Resistencia” de los sonidos más pesados y menos comerciales, parecen estar siempre a punto de saltar a las primeras filas del indie, pero se quedan a las puertas. Es una lástima, pero España no es país para bandas guitarreras y oscuras como Havalina.

Compaginando varios proyectos como productor, banda de apoyo a artistas como Cabriolets, Anni B. Sweet o Zahara y con un disco en solitario (Pequeño y plateado), Cabezalí capitanea este grupo capaz de pasar de las más intensas atmósferas a los detalles más delicados.

Abre MuerdesombraAbismoide, su segundo single, con un minuto instrumental en calma antes que Manuel Cabezalí empiece a desarrollar una letra oscura, marca de la casa, que habla de la dureza de la sociedad actual y de la vida en la gran ciudad, estallando en un minuto final con “sabor a sangre”.

Su talento para escribir letras, en ocasiones crípticas pero que deslizan siempre ideas e imágenes evocadoras, se puede ver por ejemplo en Malditos mamíferos. Donde hay críticas al nuevo orden mundial (no es la única del disco) que nos lleva a la destrucción y que anticipa la preciosa portada de Emilio Lorente (inspirada en la ciencia ficción y que recuerda a la película de culto protagonizada en los 80 por Jeff Bridges, Tron).

“El mundo está fabricando una nueva distracción…”

Las letras del disco están llenas de furia, pero no de pesimismo y si de revolución y hermandad como en Órbitas o Nacidos de la bruma.

Lazos rotos tiene una guitarra minimalista y doliente y un aire más que nunca a Depeche Mode (la incorporación de teclados les ha dado una versatilidad que puede ser muy interesante en directo) hasta que el ADN de uno de los grupos de ROCK más importantes del país, hace que se desate la tormenta. Más velocidad primer adelanto de Muerdesombra es el mejor ejemplo del papel de esos teclados casi ochenteros.

A Cabezalí se le reconoce sobre todo su talento como guitarrista y no tanto su forma de cantar. Su personal voz, de gritar con rabia y llegar a agudos como en el díptico Alta Tormenta –canción de más de 10 minutos dividida en dos partes- es capaz de contagiar atmósferas dramáticas.

 

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